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  • Angela Galiano

La constelación de amor


Hay tradiciones que nunca deberían perderse. Como las terapias semanales con amigas en las que ponerte al día y reírte con todos los dientes; las siestas eternas en vacaciones que casi se unen con la hora de dormir o las navidades en familia –aprovechando que se acercan las fechas.

Pero también existen tradiciones personales como la que os cuento hoy. Juanfra y María son una pareja encantadora y, desde que se dieron el sí quiero, han aumentado su familia por dos. Pero hay algo especial y distinto en la percepción tan empática de Juanfra con respecto al hecho de que sea María la que, en última instancia, haga el sueño de crear una familia realidad.

Hayamos pasado por un embarazo o no, todos sabemos que además de la bonita experiencia que supone vivir el crecimiento de tu propio bebé dentro de ti, también conlleva un gran sacrificio físico para la madre. Cóctel de hormonas, náuseas, cambio físico radical, contracciones indescriptibles y qué decir del momento del parto… Es habitual pensar que el padre, aún presente y consciente del esfuerzo maternal, tienda a minimizar este hecho dado que él no ha vivido por sí mismo esta experiencia que se presenta tan dulce como dolorosa.

No es el caso de Juanfra, sin embargo. Tenemos aquí el ejemplo de un marido y padre de familia totalmente consciente y empático con este proceso. Su manera de expresarlo es en forma de trueque:

Cuando María da a luz, ella me hace un regalo a mi: mi hijo. A cambio, yo le hago un regalo muy especial a ella.

Cuando nació Azahara, su primera hija, Juanfra me contaba que le regaló a María un bonito anillo en oro blanco con un diamante del que María quedó enamorada. Años más tarde llegó Juan y, siguiendo la tradición, Juanfra me encargó el proyecto de devolverle a María su invaluable regalo. La única diferencia sería que este regalo no sería tan adorable, tan comestible y tan reconfortador como el de María ­­–tampoco lloraría de noche.


Así pues, y tras muchos bocetos con diferentes opciones, nos quedamos con el que más nos gustó a los dos. Un diseño enigmático en el sentido de que lleva una J implícita y que no es totalmente perceptible a primera vista. ¿Y esto por qué? En mi opinión, se trata de un regalo tan especial que la originalidad debe dictar en el diseño. Colgantes de letras hay en cada esquina. Hacer una simple J sería bonito, pero Juanito puso el listón muy alto al nacer. Había que hacer un colgante único y para toda vida. Como él.

Esta J de Juan en oro blanco consta de seis zafiros blancos y un rubí único tallado en forma de corazón. A primera vista puede recordar a una constelación a la cual yo solía llamar, durante todo el proceso artístico, la constelación de Juan. Las estrellas están simbolizadas por zafiros que reflejan la luz que Juanito ha traído con él. Pero Juan además representa el amor incondicional y nos demuestra que al tener un segundo bebé el amor no se divide, sino que se multiplica. Ahora ya sabéis de dónde he cogido la idea para el título de este post y también la razón del rubí en forma de corazón.



Es razonable pensar que las mujeres estamos naturalmente preparadas para quedar embarazadas, diseñadas fisiológicamente para dar a luz. Pero también es necesario reconocer y valorar el esfuerzo que ello conlleva. Creo que todas estaréis conmigo cuando les doy las gracias a esos padres que, como Juanfra, empatizan y recompensan.



De todos los derechos de las mujeres, el mejor es el de ser madre” –Lin Yutang

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